Nota al pie extraída del post "Por qué ya no soy feminista" del blog Acapulco70.com. Puedes leer el artículo pulsando aquí: http://acapulco70.com/por-que-ya-no-soy-feminista/ ‎



Cuando lees los textos seminales del feminismo sin conocer la historia es fácil creer en sus descripciones del pasado. Recuerdo lo que sentí al leer por primera vez "A Vindication of the Rights of Woman" de Mary Wollstonecraft. Este se reconoce ampliamente como el primer texto feminista y data de 1792. Sí, cuando todavía se usaban pelucas blancas de rizos. En apariencia fue escrito por una mujer católica de convicción; está dedicado al Arzobispo de Autun.

En esencia, lo que el texto plantea es que la mujer y el hombre deben ser considerados iguales, que la mujer debe tener acceso a la política, a ejercer como médico, y se le debe inculcar los mismos valores con respecto a la educación académica y el valor de la independencia que se le inculca a un hombre. Además añade que la mujer debe ser libre de expresar su sexualidad y sus inclinaciones intelectuales sin miedo a ser catalogada de masculina o de libertina.

Si lees este texto sin conocer la historia te llevas una visión distorsionada de lo que significaba ser una mujer en Europa en esa época. Puede parecer que la mujer tenía prohibido participar en política, el acceso a la educación, o el ser independiente. Pero si estudias un poco la vida de Mary Wollstonecraft y el mundo del que formaba parte, descubres que si bien ciertas acciones tenían repercusiones sociales, las mujeres ya poseían la libertad de elegir su destino y no era ilegal hacerlo. Mary Wollstonecraft (que por cierto fue la madre de Mary Shelley, la autora de Frankenstein) llevó una vida poco tradicional y contradijo con sus acciones gran parte de las convicciones que defendió en sus obras.

Wollstonecraft viajó sola a Francia en su juventud porque admiraba los valores de la Revolución Francesa y quería observarla de cerca. A pesar de que en sus textos renegó del componente sexual en el amor conoció a un aventurero americano de nombre Gilbert Imlay con quien sostuvo un affair prolongado fuera del matrimonio y de quien tuvo su primer hijo siendo soltera.

Cuando Gran Bretaña declaró la guerra a Francia, y su vida se encontraba en peligro, Imlay registró a Wollstonecraft como su mujer aunque no estaban casados para protegerla. Al llegar a Inglaterra, Wollstonecraft, que había escrito varios textos en contra del matrimonio y las normas sociales asociadas a él, continuó refiriéndose a sí misma como "Señora de Imlay" incluso frente a sus hermanas porque le parecía más respetable.

Imlay la dejó al tiempo, aunque le prometió regresar, y cuando ella se dio cuenta de que no volvería y de que posiblemente hubiese encontrado otra mujer, le escribió docenas de cartas depresivas intentando manipularlo para que regresara. Incluso llegó a ir hasta Londres para buscarlo, pero él la rechazó así que ella intentó suicidarse para que él la salvara en un desesperado intento por recuperarlo. Una loca, en resumen.

Cuando Imlay finalmente la dejó, Wollstonecraft intentó suicidarse por segunda vez tirándose al Támesis. Dejó una carta para Imlay, claro:

"Let my wrongs sleep with me! Soon, very soon, I shall be at peace. When you receive this, my burning head will be cold... I shall plunge into the Thames where there is least chance of my being snatched from the death I seek. God bless you! May you never know by experience what you have made me endure. Should your sensibility ever awake, remorse will find its way to your heart; and, in the midst of business and sensual pleasure, I shall appear before you, the victim of your deviation from rectitude."

Un hombre se arrojó al agua para rescatarla así que tampoco murió en este segundo intento. Gradualmente Wollstonecraft aceptó la separación y se integró de nuevo a la vida intelectual y literaria de Inglaterra donde conoció a William Godwin que aceptó casarse con ella y adoptar a su hija ilegítima, y lo hizo sin problema alguno porque su matrimonio con Imlay había sido una farsa.

Godwin, otro feminista, también había escrito en contra del matrimonio, por cierto, en un tratado político que llevaba por título Political Justice, pero eso no evitó que se casara con Wollstonecraft.

La historia de Wollstonecraft se conoce casi al detalle por la cantidad de cartas que ella le escribió a Imlay a lo largo de su relación, que se pueden leer aquí:

http://www.gutenberg.org/files/34413/34413-h/34413-h.htm

Pero Mary Wollstonecraft no fue la única mujer que tuvo la libertad de elegir un camino poco tradicional para sí misma. Su círculo de amistades estuvo lleno de autoras como ella: ensayistas, poetas, novelistas, todas respetadas y en su mayoría feministas, que rechazaron las convenciones sociales e hicieron lo que quisieron con sus vidas y las vidas de sus hijos.

Quizás la más importante fue Maria Edgeworth. Escribió literatura infantil y también para adultos. Escribió acerca de administración de propiedades, sobre política, sobre educación, y tuvo estrecha relación con algunas de las figuras más importantes de la época.

Maria Edgeworth tuvo una educación completa. Pasó por dos academias, y al terminar su educación formal, su padre se convirtió en su tutor y la educó en derecho, economía, política, ciencia, y literatura. Al mismo tiempo la impulsó a cultivar relaciones de correspondencia con otros intelectuales a través del Lunar Society.

Asistió a su padre en la administración de sus propiedades y colaboró con él en sus trabajos literarios. Su tía, Margaret Ruxton de Black Castle le regaló novelas incluyendo las de William Godwin (el marido de Wollstonecraft). Consideraba, igual que el resto del círculo jacobino, que las mujeres y los hombres eran iguales, debían ser educados juntos, y admiraba profundamente a Rousseau. Posiblemente fuese la única que vivió lo que predicó, porque jamás se casó.

Lo que interesa de la vida de Maria Edgeworth es que era posible vivir en Inglaterra como mujer y tener una educación. A diferencia de lo que pareciera indicar "A Vindication of the Rights of Woman" las mujeres no tenían prohibido el acceso a la educación. Simplemente no era algo usual que las mujeres estudiaran, pero cualquier familia podía dar a sus hijas la educación que considerara apropiada.

Charlotte Turner Smith fue otra jacobina británica: una poeta romántica y novelista. Recibió una educación tradicional porque provenía de una familia adinerada, pero tuvo que casarse temprano porque su padre gastó todo el dinero familiar. Dadas sus circunstancias, Turner Smith consideraba el matrimonio una forma de prostitución (idea que mantienen las feministas radicales a día de hoy).

El Marido de Turner Smith no sólo era violento, sino que además fue apresado por sus deudas. Utilizaron el dinero que obtuvieron con la venta del primer poemario de Turner Smith para sacarlo de prisión. Eventualmente ella abandonó a su marido y crió a sus hijos por su cuenta. Pudo dar a sus hijos una vida digna (dentro de lo que cabe) siendo madre soltera porque debido a la popularidad de sus libros gozó de estabilidad económica. Las mujeres en la época de Wollstonecraft podían trabajar si lo deseaban.

Mary Hays, por su parte, fue otra novelista del círculo jacobino que escribió textos feministas radicales. Quizás el más famoso fue "historia de la mujer". Basó su carrera en escándalos porque escribía textos polémicos y provocadores. Mary Hays tenía un prometido con quien iba a casarse, y cuando su prometido se murió la noche antes de la boda, Mary Hays sintió que moriría de pena, pero se dio cuenta que ese incidente le abría la puerta a una vida menos ordinaria: en lugar de ser madre podría dedicarse a la escritura.

Mary Hays no se casó, pero al igual que Wollstonecraft, tuvo amantes, como el matemático William Frend. Impulsada por su amistad con Wollstonecraft, decidió tomar las riendas de su vida y se mudó sola al centro de Londres. Pretendía ser independiente y vivir de la escritura, pero "mientras tanto" William Frend la mantenía porque a diferencia de Turner Smith, los libros de Hays, a pesar de lo polémicos, no interesaron a nadie.

Narraría muchas otras, pero temo gastar demasiada tinta en algo que posiblemente sólo me interese a mí. Los programas del corazón me dan pereza, pero cuando se trata de gente muerta (importante o semi-importante) me resulta seductor enterarme de los detalles de sus vidas. Historias como estas tres o cuatro las hay por montones en la Europa de 1600 en adelante. Seguramente también ocurrían cosas así antes de 1600 pero la libertad para escribir sobre ellas era menor.

No sólo las del círculo jacobino gozaban de estas libertades, las conservadoras también escribían y formaban parte de la vida pública en Inglaterra. Es interesante leer las vidas de Sarah Trimmer, Hannah More, Elizabeth Carter, Elizabeth Robinson Montagu su hermana Sarah Scott, y su prima Lady Mary Wortley Montagu, Hester Thrale, y casi cualquier otra miembro del Bluestockings Society porque brindan otra imagen de lo que significaba ser mujer en Europa en el siglo 18.

Si a alguien le interesara seguir investigando el tema, también podéis leer acerca de las vidas de Frances Burney, Anna Seward, Alexandra David-Neél, Mlle. Clairon, Sarah Pennington, Elizabeth Barrett Browning, Joanna Baillie, y Susan Ferrier.

Eso sin contar a Jane Austen y las hermanas Brontë.